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Tiempos de Libertad. Los límites de la paciencia

Cumplidos más de dos años de experiencia libertaria, la motosierra demostró efectividad para eliminar el déficit fiscal, pero no para mejorar la calidad de vida de la gente
Actualidad29/03/2026Jorge VillalbaJorge Villalba
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El tiempo del sacrificio se está extendiendo más de lo esperado y la paciencia se agota. Los analistas ya no hablan de “riesgo K” sino del creciente rechazo al modelo económico. La seguidilla de escándalos de corrupción alimenta ese sentimiento. Sin dato y sin relato, el Presidente y los suyos gritan cada vez más fuerte y revolean estadística descontextualizada, manipulada o directamente falsa. La escasez se extiende a provincias que se las ven en figurillas para cubrir sus costos corrientes. Misiones ajusta prioridades y sostiene programas de contención, que actúan como paliativos pero que no alcanzan para disimular los costos sociales del programa económico nacional.

El Gobierno de Javier Milei se esfuerza por reparar su narrativa de superioridad moral irremediablemente dañada por una sucesión de escándalos que van de los audios de Spagnuolo hasta el sospechoso crecimiento patrimonial del otrora paladín de la austeridad, Manuel Adorni.

 
Acorralado por un cúmulo de evidencias que contradicen el relato del gobierno de la ética, el presidente Javier Milei y su círculo de funcionarios se abroquelan en un discurso de barricada que podrá conservar eficacia dentro del núcleo duro, pero que empieza a sonar hueco para el resto de la sociedad. 

La cripto-estafa de Libra es sin dudas el asunto que más compromete al primer mandatario, no solo por la enorme cantidad de pruebas en su contra, sino porque además de la justicia argentina (siempre dispuesta a cajonear causas contra el poder de turno) también lo investigan en EE.UU.

Pero a la hora de medir el impacto en la opinión pública, el que se lleva los laureles es el jefe de gabinete, Manuel Adorni. Las evidencias inequívocas de su rápido enriquecimiento resultan caramelos muy difíciles de tragar para una sociedad que fue convocada bajo la épica del sacrificio y que ahora descubre que ese sacrificio nunca fue compartido por la clase gobernante.

 

Es la economía, estúpido
El futuro del experimento libertario no depende tanto de la eficacia de su narrativa como de los resultados de su política económica. No de los números que puedan decorar el Excel de las cuentas fiscales sino de los que tienen impacto directo en el día a día de la gente.

El Gobierno nacional diseñó un modelo orientado a corregir los severos desajustes que presentaba la macroeconomía, confiando en que la mano invisible del mercado arreglaría todo lo demás. El resultado fue una economía en la que pocos sectores crecen mucho y los demás se desmoronan.

Los últimos datos del INDEC publicados esta semana, correspondientes a enero, muestran un crecimiento de 1,9% interanual en la actividad, pero con una fuerte disparidad sectorial. El agro saltó 25,1%, energía y minería (+9,6%) y la intermediación financiera (+7,7%). En el otro extremo, las principales incidencias negativas las arrojaron el comercio (-3,2%) y la industria manufacturera (-2,6%). Si se analizan los datos consolidados de 2025 se observa la misma tendencia.

El problema con esta reconfiguración de la economía es que solo crecen sectores que son intensivos en capital pero que no demandan mano de obra ni multiplican actividad. Mientras que aquellos que sí generan empleo, como el comercio, la industria y la construcción, se achican.

No se trata de un resultado antojadizo, sino la consecuencia lógica de pasar de un Estado con un alto nivel de proteccionismo orientado a preservar actividades que generan empleo y distribuyen riqueza, a uno más desregulado en el que solo se salvan las actividades con alto margen de rentabilidad.

El PBI aumenta, pero se destruye empleo formal, se cierran empresas, los salarios caen y el consumo masivo se reduce.

De acuerdo con datos oficiales del SIPA, entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se destruyeron 288.815 puestos asalariados formales, de los cuales 200.941 correspondieron al sector privado. El número total de empresas en actividad se redujo en más de 22.600.

La baja de la inflación, que era el aspecto más valorado por la gente de la economía libertaria, se terminó en mayo del año pasado y desde junio solo aumenta. El índice oficial se ubica apenas por debajo del 3% mensual, a pesar de los ingentes esfuerzos por maquillar la estadística del Indec usando una canasta desactualizada que no refleja la real variación de los precios.

El panorama en el corto plazo no es alentador, en la semana que termina los comerciantes recibieron nuevas listas de precios con incrementos del 3% en lácteos; de entre 5% y 7% en productos de almacén, limpieza y perfumería; de alrededor del 6% en azúcar y harinas; y de hasta 4% en cervezas, entre otros bienes de consumo masivo.

Las aventuras de Donald Trump en territorio persa no ayudan. Los combustibles acumulan una suba de 20% desde que empezó el conflicto en Medio Oriente y lo que sigue es la suba de derivados como el plástico, presente en la mayoría de los empaques y envases.

Frente al franco deterioro de la micro, el Gobierno respondió con un revoleo de estadística discutible o directamente falaz.

El Coloso de la Desregulación, Federico Sturzenegger, intentó desmentir el dato de la destrucción de empresas: “En los últimos dos años el número de empresas pequeñas, medias y grandes es estable o crece”, sentenció en un posteo de X y acompañó la publicación con un gráfico que mostraba caídas de 1,9%, 1,1% y 1,4% para cada uno de esos segmentos. Además, deliberadamente había excluido de la muestra las firmas con hasta cinco trabajadores, segmento que cayó 5,5%.

En otro extenso posteo concluyó que “las bajas en el empleo registrado del SIPA se explican prácticamente en un 100% por la baja del monotributo social”, cuando esa misma fuente muestra que en realidad se perdieron más de 288 mil puestos de trabajo asalariado.

 

Termómetro a la baja
El deterioro de la economía de los hogares y la pérdida de efectividad de la narrativa libertaria empiezan a notarse en los estudios de opinión pública.

Estudios de al menos cinco consultoras y universidades muestran un deterioro en el humor social y un crecimiento en los niveles de insatisfacción con el Gobierno nacional. El rumbo de la economía aparece como la principal preocupación en todos los informes, seguida por la corrupción. Las principales figuras libertarias, incluido el presidente, tienen imagen negativa.

La Encuesta de Satisfacción Política de la Universidad de San Andrés en su edición de marzo señala que solo el 33% de los encuestados está satisfecho con la marcha general de las cosas, lo que representa una caída de 7 puntos respecto a noviembre de 2025. La insatisfacción alcanza el 65%.

 

De acuerdo con esta fuente, el gobierno de Javier Milei registra un 38% de aprobación frente a un 59% de desaprobación, lo que marca un crecimiento de 7 puntos porcentuales en el nivel de desaprobación desde la última medición.

Los bajos salarios (37%) y la falta de trabajo (36%) se consolidan como los principales problemas de acuerdo a la percepción de los encuestados por la Universidad de San Andrés, superando incluso a la corrupción (33%). La inflación (20%) ha perdido centralidad relativa en la agenda de preocupaciones.

Uno de los aspectos más preocupantes para el Gobierno nacional es que crece el pesimismo en las proyecciones a futuro: el 46% de los argentinos cree que el país empeorará en el próximo año, frente a un 30% que aún espera una mejora.

El influyente Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella cayó 3,5% en marzo y se ubicó en un promedio de 2,43 en una escala de 0 a 5. En lo que va de 2026, el ICG acumula tres caídas consecutivas, enero (-2,8%), febrero (-0,6%) y marzo (-3,5%), con una contracción acumulada de 6,5% desde el fin del año pasado.

Uno de los datos salientes del informe es la caída de la imagen del Gobierno de Milei en el segmento de los jóvenes (18 a 29 años), allí el respaldo a la gestión del libertario cayó 25% y se ubicó por debajo de los demás segmentos etarios.

 

El Informe Nacional de Opinión pública de Hugo Haime y Asociados correspondiente a marzo muestra un crecimiento de la negatividad, que ascendió a 70%. “La percepción de bronca (39%) creció 2 puntos en relación a febrero y 8 en relación a diciembre, la esperanza (23%) cayó 7 puntos, mientras la tristeza (31%) subió 4 puntos”, reza el informe.

Al igual que el resto de las encuestas, la de Haime pone a la economía al tope de las preocupaciones. Respecto a los problemas que preocupan en lo cotidiano, lideran los económicos con un crecimiento de Bajos salarios (45%) e inflación (44%) que paró su crecimiento. En un tercer escalón se ubica inseguridad (20%), y luego desocupación (18%).

 

Las expectativas a un año (35%) caen 5 puntos -10 desde diciembre -. La evaluación de mejora del país en los últimos tres meses (16%) cayó 11 puntos mientras se mantuvo la de empeoramiento (53%). En relación al hogar sucedió algo similar. La percepción de mejora (13%) cayó 7 puntos y la de empeoramiento (45%) subió 2 puntos.

La aprobación de gestión (37%) cayó otros 4 puntos ubicándose en el valor más bajo de la serie. Un 36% se definió como adherente al Gobierno – caída de 5 puntos- y un 52% opositor. El núcleo de adherentes plenos del gobierno se ubica en 26%, mientras 45% se define como opositor duro. Queda un 29% que duda entre ser adherente crítico (16%) u opositor blando (13%).

Mientras a un 35% le gustaría que el presidente fuera reelecto, un 57% quisiera que el próximo sea un no libertario.

La última encuesta nacional de Delfos concluye que “la sociedad argentina parece estar entrando en una fase de cansancio económico y en un momento de revisión política integral del experimento Milei. El problema ya no es únicamente el ajuste; es la combinación de ajuste persistente, resultados domésticos insuficientes, creciente desconfianza sobre la narrativa inflacionaria, desgaste moral por corrupción y sensación de extravío en prioridades públicas”.

 

Destaca que “el gobierno todavía conserva un núcleo competitivo, pero perdió buena parte de su condición de generador de esperanzas genuinas. Y cuando un gobierno deja de representar futuro y empieza a ser juzgado por presente, su vulnerabilidad política crece de manera acelerada”.

El trabajo muestra que no solamente cae la aprobación, también caen la expectativa de mejora y la confianza en la capacidad del gobierno para seguir bajando la inflación, además crece la desconfianza sobre el INDEC y empeora con fuerza la percepción de la situación económica personal y del rumbo social del país.

La desaprobación a la gestión llega a 64%, la imagen negativa de la gestión a 62%, y solo 29% cree que Milei mejorará la situación del país durante su mandato.

El estudio muestra un deterioro muy severo de la economía doméstica: 49% dice que no le alcanzan los ingresos y 37% que llega con lo justo; en total, 86% vive entre insuficiencia y estrechez.

A la vez, la evaluación de la situación actual en general pasa a 40% mala y 35% regular, mientras que la expectativa sobre el país empeorando respecto del año pasado sube a 61%.

Otro punto central es que se rompe una de las principales fuentes de legitimidad del gobierno: la promesa de estabilización. Este mes, el 65% dice que Milei no logrará reducir aún más la inflación y 71% afirma que no le cree al dato que publica el INDEC.

Finalmente la consultora CB Global data difundió su ranking de imagen de presidentes de Latinoamérica, listado que Milei supo encabezar hace apenas algunos meses y que hoy lo tiene en el puesto 11 sobre un total de 18.

 

Provincias en crisis
Las provincias, y por extensión los municipios, están del lado de las víctimas del modelo. Más aun las jurisdicciones del NEA, que miran desde lejos la bonanza de la minería, el petróleo, la intermediación financiera y del complejo agroexportador.

La espiral contractiva que empieza con la caída de los salarios, sigue con retracción del consumo, pérdida de empleo y cierre de empresas, solo para volver al punto de inicio, está generando una caída general en la recaudación que imoacta de lleno en las alicaídas finanzas públicas.

Según información oficial confirmada por el secretario de Hacienda de Misiones, Adolfo Safrán, a las arcas provinciales entran 40 mil millones de pesos menos por mes en concepto de coparticipación y de recaudación propia. “Esto genera, por supuesto, una lógica de estrés financiero porque los recursos no alcanzan, pero lo mismo que pasa en una familia o lo que pasa en una empresa, los recursos no están alcanzando y bueno, hay que amañarse para llegar a fin de mes”, analizó.

Las provincias enfrentan una tormenta perfecta, porque además de la caída en sus ingresos tributarios, deben afrontar el retiro de la inversión del Estado nacional en áreas clave como programas de salud y de educación, además de obra pública, y estás obligadas a compensar con inversión propia esa ausencia de Nación.

Al mismo tiempo crece la demanda de la población por acceder a servicios públicos que prestan las provincias y municipios. El que dejó de pagar la prepaga o perdió la obra social va a algún hospital, el que ya no puede pagar la cuota del colegio privado demanda un banco en una escuela pública y a las familias que ni siquiera consiguen costear sus alimentos no les queda otra que ir a un comedor.

La disponibilidad de recursos se achica y la demanda de soluciones se agranda.

Esta realidad puso a las provincias frente a un páramo. Misiones no está sola en este escenario: distritos con muchos más recursos como Córdoba y Buenos Aires vienen aplicando recortes severos ante la pérdida de recursos coparticipables. La crisis, queda claro, no distingue fronteras geográficas ni colores partidarios.

Ante este panorama sombrío, el gobierno de Hugo Passalacqua viene aplicando una estrategia de contención activa, que no aporta una solución definitiva —algo imposible desde una jurisdicción provincial ante una crisis nacional— pero sí trae el alivio inmediato del paliativo.

Por ejemplo, la prórroga hasta junio de los programas «Ahora», incluso con mayores beneficios que antes en materia de reintegros, así como medidas específicas para desendeudar a empleados públicos y jubilados asfixiados por el costo del crédito.

Además se procura dar impulso a la agenda local con eventos como “El Reventón” en Posadas, la promoción turística de Semana Santa y la nutrida agenda de fiestas en distintas localidades, todas acciones que buscan inyectar liquidez en un sistema que hoy sufre de anemia financiera.

 

La política de la presencia vs. la paciencia social
En el plano de la gestión, el gobernador Hugo Passalacqua se declara convencido de que en tiempos de escasez, la pasividad es el peor de los pecados políticos. Su agenda intensa y su presencia territorial intentan responder a una demanda social que ya no se conforma con discursos o promesas de un rebote futuro.

Sin embargo, el desafío es mayúsculo. La sociedad misionera, con el bolsillo ajustado, reclama resultados tangibles. Existe una tensión constante entre dos verdades incómodas: por un lado, que el origen del deterioro está en el modelo económico nacional; por el otro, que esa realidad no exime al gobierno provincial de su responsabilidad diaria de dar respuestas.

Misiones hoy administra escasez. En ese contexto, el éxito de la gestión no se medirá por grandes inauguraciones, sino por la capacidad de sostener lo básico: salud, educación y un nivel mínimo de actividad que permita a los sectores productivos sobrevivir hasta que el panorama nacional escampe, si es que ello alguna vez ocurriera.

Falta mucho y la incertidumbre es el sentimiento predominante. Los trabajadores, productores y jubilados piden más porque, sencillamente, hoy tienen menos. La política provincial se encuentra, tal vez, ante su examen más difícil: demostrar que puede cuidar a los suyos aun cuando el clima nacional es de tormenta perfecta.

 
 MOL

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