

Una semana que dejó señales: crisis, conflictos y el pulso de Misiones
Jorge Villalba
Tras una primera etapa de estabilización que implicó un fuerte ajuste y un alto costo social, el esperado proceso de reactivación no termina de llegar. Al menos, no para la mayoría. Por el contrario, empiezan a aparecer señales de fatiga en el modelo económico, con una dinámica que parece encaminarse hacia una lógica de ajuste permanente.
El esquema actual enfrenta una contradicción central: para bajar la inflación se sostiene un ancla cambiaria que, al mismo tiempo, deteriora la competitividad de los sectores productivos. La consecuencia es un freno a las exportaciones y a la posibilidad de que la economía encuentre un motor de crecimiento.
A esto se suma el ancla fiscal, que exige recortes constantes. El problema es que ese ajuste impacta directamente en el consumo, el empleo y la recaudación. En ese punto, el modelo empieza a mostrar una dinámica circular: el ajuste reduce la actividad y esa caída obliga a profundizar el ajuste.
Los números acompañan esa percepción. La inflación se mantiene en niveles elevados, el consumo cae, el salario pierde poder adquisitivo y la actividad industrial opera con niveles de capacidad instalada históricamente bajos. Sectores clave como la metalmecánica, el textil o el automotriz muestran signos de fuerte retracción, mientras que las actividades ligadas a recursos naturales resisten mejor el escenario.
Dogmatismo sin margen de maniobra
En este contexto, el mensaje del presidente Javier Milei durante la semana fue claro: no habrá cambios en el rumbo. Bajo consignas como “la motosierra no se detiene” o “hay que tener paciencia”, el Gobierno ratificó su estrategia sin abrir la puerta a alternativas.
El problema es que la realidad económica no siempre se adapta a los modelos teóricos. Mientras la actividad productiva muestra señales de estancamiento, la falta de un plan de reactivación empieza a generar preocupación incluso entre sectores que acompañaron el proceso inicial.
El termómetro social: la economía en el centro
Las encuestas comienzan a reflejar ese malestar. La caída en la imagen del Gobierno no responde tanto a cuestiones políticas o escándalos puntuales, sino a una preocupación mucho más concreta: la economía cotidiana.
Los datos son contundentes. Crece la percepción de que la situación del país empeoró, aumentan las expectativas negativas hacia el futuro y los problemas vinculados a ingresos, inflación y empleo encabezan las preocupaciones de la sociedad.
Incluso en segmentos que inicialmente acompañaban al oficialismo, como los jóvenes, el respaldo muestra un retroceso marcado.
El impacto en Misiones
En una provincia de frontera como Misiones, el escenario se vuelve aún más complejo. El atraso cambiario golpea doble: afecta la competitividad de las exportaciones y, al mismo tiempo, incentiva el consumo en países vecinos como Brasil y Paraguay.
Esto tiene consecuencias directas en la economía local. El cierre de empresas se aceleró por encima del promedio nacional, y sectores productivos tradicionales como la yerba mate, el té o la madera enfrentan crecientes dificultades para sostener márgenes de rentabilidad.
En ese marco, cobra fuerza el planteo de un régimen fiscal diferencial que permita equilibrar las condiciones de competencia y aliviar la carga impositiva sobre la producción.
Reconfiguración política y estrategia provincial
Mientras la economía marca el pulso, la política también se mueve. La convocatoria a “Encuentro Misionero”, impulsada por Carlos Rovira, aparece como el hecho político más relevante de la semana en la provincia.
La propuesta apunta a reconstruir una base amplia con eje en la producción, el trabajo y la cercanía con la sociedad, en un contexto donde el desencanto con la política atraviesa a buena parte de la ciudadanía.
El objetivo es claro: anticiparse a un escenario electoral que ya empieza a tomar forma de cara a 2027.
Gestión en un contexto complejo
En paralelo, la gestión provincial mantiene actividad en áreas sensibles. Eventos como la Expo Agroindustrial en Oberá reflejan el esfuerzo por sostener el entramado productivo, mientras que reclamos como el realizado por el gobernador Hugo Passalacqua por fondos adeudados en programas sociales exponen tensiones con la Nación que impactan directamente en sectores vulnerables.
Una semana que deja señales
La semana que pasó deja un mensaje claro: el eje del debate ya no está en la política discursiva, sino en la economía real.
Mientras el Gobierno nacional sostiene su rumbo sin cambios, la sociedad empieza a mostrar signos de cansancio frente a un ajuste que no logra traducirse en mejoras concretas.
En Misiones, esa tensión se siente con mayor intensidad. Y en ese escenario, tanto la política como la gestión enfrentan el desafío de ofrecer respuestas en un contexto cada vez más exigente.


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