

Una argentina entre las seis “Heroínas de las Tierras de Pastoreo” reconocidas a nivel mundial
Jorge Villalba
Una argentina acaba de ser reconocida a nivel internacional por una tarea que muchas veces ocurre lejos de los grandes titulares: la defensa de los territorios, la biodiversidad y de comunidades que dependen directamente de los ecosistemas que habitan.
Se trata de Ana Di Pangracio, abogada especializada en biodiversidad, gobernanza ambiental y derechos humanos, quien fue distinguida por el Global Landscapes Forum (GLF) como una de las “Heroínas de las Tierras de Pastoreo”.
La distinción alcanzó a seis mujeres de diferentes partes del mundo: Argentina, Perú, Jordania, Kenia, India y Mongolia.
El reconocimiento busca poner en valor el trabajo de mujeres que contribuyen a proteger, restaurar y gestionar de manera sostenible las tierras de pastoreo y los territorios vinculados con ellas.
Una trayectoria dedicada al ambiente
Di Pangracio es actualmente directora ejecutiva adjunta y directora del área de Biodiversidad de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).
A lo largo de más de 15 años desarrolló su actividad en temas relacionados con la conservación de la biodiversidad, la gobernanza ambiental y los derechos humanos.
Desde 2017 también trabaja junto a la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, participando en iniciativas vinculadas con la protección y recuperación de los territorios.
Su trabajo incluye la planificación territorial participativa, la restauración ecológica de humedales, la protección de bosques nativos y la defensa de comunidades y territorios frente a procesos de degradación ambiental.
¿Por qué son importantes las tierras de pastoreo?
El reconocimiento pone el foco en ecosistemas que muchas veces son considerados simplemente espacios destinados a la actividad ganadera.
Sin embargo, las tierras de pastoreo cumplen funciones mucho más amplias.
Son espacios que albergan biodiversidad, contribuyen al equilibrio de los ecosistemas, participan en la regulación del agua y pueden tener un papel importante frente al cambio climático.
También sostienen la vida y la economía de numerosas comunidades rurales.
Desde esta mirada, uno de los planteos centrales de Di Pangracio es que estos territorios no deben ser considerados ambientes marginales, sino ecosistemas estratégicos para la biodiversidad, la resiliencia climática y la seguridad alimentaria.
Una mirada que también interpela a la Argentina
La distinción tiene además una lectura que va más allá de la trayectoria personal de la ambientalista.
Argentina posee una enorme diversidad de ecosistemas y territorios productivos, desde los bosques y humedales del Nordeste hasta las grandes extensiones de pastizales y zonas áridas del país.
La conservación de esos ambientes plantea permanentemente el desafío de encontrar un equilibrio entre producción, desarrollo económico y protección de los recursos naturales.
En ese contexto, el reconocimiento internacional a Di Pangracio vuelve a poner en discusión una idea cada vez más presente en las políticas ambientales: cuidar un territorio no significa necesariamente dejar de producir en él, sino encontrar formas de hacerlo sin destruir las condiciones que permiten que ese territorio siga vivo.
Seis mujeres, seis territorios
Di Pangracio comparte la distinción con otras cinco mujeres reconocidas por sus aportes en diferentes regiones del mundo.
Sus historias tienen como punto de encuentro la defensa de territorios donde la producción, la biodiversidad y las comunidades mantienen una relación estrecha.
El reconocimiento del Global Landscapes Forum busca justamente visibilizar esas experiencias y el papel que las mujeres desempeñan en la conservación y restauración de los paisajes.
En el caso argentino, el nombre de Ana Di Pangracio aparece ahora entre esas seis referentes internacionales.
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Un reconocimiento que, además de destacar una trayectoria profesional, invita a mirar de otra manera aquellos territorios que durante mucho tiempo fueron considerados simplemente espacios productivos.
Porque después de cada paisaje también hay biodiversidad, agua, comunidades, cultura y una pregunta que cada vez cobra mayor importancia: cómo producir hoy sin comprometer la posibilidad de vivir mañana en esos mismos territorios.


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