

“Hay que romper con los absolutismos”: la frase de San Martín que Passalacqua llevó al presente político
Jorge Villalba
El acto central por el 176° aniversario del paso a la inmortalidad del General José de San Martín tuvo todos los elementos de una ceremonia patria: historia, banderas, homenajes, instituciones educativas, fuerzas de seguridad y un desfile cívico-militar.
Pero el discurso de Hugo Passalacqua tuvo un momento en el que la mirada dejó de estar puesta solamente en el siglo XIX.
Fue cuando el gobernador comenzó a hablar del absolutismo.
“Ese romper las cadenas, como lo dice textual, hay que romper las cadenas con el absolutismo. Es algo que hoy debemos recordar día a día los argentinos”, sostuvo Passalacqua.
La frase podría haber quedado dentro de una interpretación histórica sobre San Martín. Sin embargo, el gobernador decidió explicar qué significaba para él ese concepto y allí apareció una referencia que inevitablemente conecta con la política del presente.

Describió al absolutismo como aquel poder que pretende decidirlo todo: “quién habla y quién no habla”, “qué tenés que decir y qué no tenés que decir”, “qué tenés que pensar y qué tenés que leer” y “quién sube y quién baja”.
Y después fue todavía más directo:
“Siempre va a aparecer uno que quiera ser un absoluto. Y el pueblo, así como San Martín, va a ser rebelde, porque San Martín fue un rebelde. Fue un rebelde maravilloso”.
Passalacqua no mencionó nombres propios ni señaló a un dirigente o espacio político determinado.
Pero tampoco se quedó solamente en la historia.
San Martín como puente hacia el presente
El gobernador presentó a San Martín como mucho más que el estratega de una campaña militar. Lo describió como un hombre que entendía la libertad como una construcción colectiva y que combatió una concepción del poder que consideraba incompatible con esa libertad.
“No era liberar solamente para sacarse a los españoles de encima, era para construir una comunidad”, sostuvo.
Y agregó: “No era una libertad para que el opresor ponga el pie sobre el oprimido. Esa no fue la voluntad de San Martín. Es una libertad para todos”.

La definición permite entender el sentido que Passalacqua buscó darle a la conmemoración.
San Martín apareció como una figura histórica, pero también como una referencia para pensar el presente. La libertad no solamente como independencia de una potencia extranjera, sino como una sociedad donde nadie pueda arrogarse el derecho de decidir por todos.
“Le movía, no la codicia, le movía terminar con los absolutismos. Ese es el gran mensaje de San Martín”, resumió el gobernador.
Un escenario con fuerte peso político
La lectura del discurso también adquiere otra dimensión cuando se observa quiénes estaban presentes.
El acto reunió a numerosos intendentes, diputados provinciales y representantes de los distintos poderes del Estado. También participaron los senadores nacionales Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, los diputados nacionales Oscar Herrera Ahuad, Alberto Arrúa y Yamila Ruiz, además de ministros y funcionarios del Gobierno provincial.
Pero una presencia concentró especialmente las miradas: Maurice Closs, exgobernador y exsenador nacional.

Su aparición junto al actual gobernador y a buena parte de la dirigencia política provincial le agregó inevitablemente una lectura política al escenario.
No se trataba de una reunión partidaria. Era un acto institucional y patrio. Pero la presencia de dirigentes de diferentes trayectorias y, particularmente, de un exgobernador como Closs, hizo que el escenario tuviera un peso político que excedió la ceremonia formal.
Y fue precisamente delante de ese escenario que Passalacqua habló de los límites del poder.
Una advertencia sin destinatario
Hay un detalle que parece central para interpretar el mensaje: Passalacqua no dijo contra quién estaba hablando.
No nombró al Gobierno nacional, a un dirigente opositor, a otro espacio político ni a ninguna persona en particular.
Eso obliga también a no forzar la interpretación.
La lectura más interesante no está en intentar descubrir un destinatario oculto, sino en observar las palabras que eligió.
Cuando un gobernador habla de alguien que pretende decidir qué debe decir una sociedad, qué debe pensar, qué debe leer, quién habla y quién no habla, está utilizando una definición histórica para plantear una discusión política contemporánea.
Y lo hizo en un acto donde estaban sentados buena parte de los principales actores de la política misionera.
Por eso, el mensaje puede ser leído de distintas maneras, pero difícilmente pueda considerarse solamente una referencia al pasado.
El lugar tampoco fue presentado como una elección casual.
Passalacqua destacó que San José es un territorio atravesado por la historia misionera y vinculó la localidad con las reducciones jesuítico-guaraníes, Andresito y otros protagonistas de la historia regional.
“Hacerlo en este lugar tenía su razón de ser. No es cualquier lugar”, afirmó.
También trazó un paralelismo entre San Martín y Andresito y reivindicó las raíces guaraníes del Libertador, dentro de una mirada que buscó acercar la historia nacional a la identidad misionera.
La ceremonia coincidió además con los 134 años de San José, convirtiendo el acto en una doble celebración: el homenaje a San Martín y el aniversario de la localidad.
El mensaje que quedó
Sobre el final, Passalacqua volvió a la frase que había atravesado todo su discurso:
“Seamos libres, que lo demás no importa nada”.
Pero después de escuchar cómo definió el absolutismo, esa frase adquirió otro peso.
Porque el gobernador no habló solamente de la libertad conquistada por San Martín hace más de dos siglos. Habló de una libertad que, según su interpretación, debe defenderse permanentemente frente a quienes pretenden concentrar el poder y decidir por los demás.
En un acto oficial, sin nombrar adversarios y utilizando a San Martín como referencia histórica, Passalacqua dejó planteada una idea que pertenece tanto al pasado como al presente.
Siempre puede aparecer alguien que quiera ser “un absoluto”.
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La diferencia, según la propia lectura que hizo el gobernador, es que frente a eso también existe un pueblo dispuesto a rebelarse.
Y esa fue, probablemente, la parte más política de un discurso que comenzó hablando de San Martín y terminó hablando de los tiempos que corren.


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