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title: "Un Poco de Historia: Tía Pina, la maestra que recibió a generaciones de niños de San Javier"
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description: "Cuando Raquel Classen de Mendoza llegó a San Javier tenía apenas 18 años. Había nacido en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, y había llegado a un pueblo muy diferente al que conocemos hoy. Era joven, pero decidió quedarse. Con los años, su nombre quedaría ligado para siempre a la escuela y a varias generaciones de niños."
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date_published: "2026-09-15T20:30:00-03:00"
date_modified: "2026-09-14T20:54:35-03:00"
author_name: "Jorge Villalba"
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author_bio: "Técnico en Higiene y Seguridad Laboral . Mediador Comunitario. Comunicador social comprometido con San Javier, Misiones y su gente. ..siempre sumando...  Hacer el bien hace bien!"
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# Un Poco de Historia: Tía Pina, la maestra que recibió a generaciones de niños de San Javier

![Tia Pina](/download/multimedia.normal.852b556be440a588.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

**Tia Pina**

Pero en San Javier casi nadie la conocía como Raquel.

Para sus alumnos y para buena parte de la comunidad era simplemente Tía Pina.

El apodo no fue casual. Su nombre familiar era Pina y ella misma eligió que los chicos la llamaran así. Durante muchos años fue maestra de primer grado, en una época en la que no existían el nivel inicial, el jardín de infantes ni las herramientas que hoy acompañan a un niño en sus primeros pasos escolares.

Los chicos llegaban a primer grado con apenas seis años y, muchas veces, con miedo.

Para ellos, la escuela era un mundo nuevo. Era dejar la casa, separarse por unas horas de la familia y entrar a un lugar desconocido, rodeados de otros niños y frente a una maestra que todavía no conocían.

Y allí estaba Pina.

Su tarea no empezaba solamente con las letras, los números o las primeras palabras. Primero había que conseguir que esos chicos dejaran de tener miedo.

“Yo siempre fui maestra de primer grado. Era feliz recibiendo a esos chiquitos porque sabía que les daría la confianza necesaria en su ingreso escolar”, recordaba años después.

Por eso quiso que la llamaran Tía Pina.

No maestra, no señora maestra. Tía.

Una palabra sencilla para que aquellos pequeños pudieran sentir que tenían cerca a alguien que los iba a cuidar, acompañar y ayudar a dar sus primeros pasos en la escuela.

Así fue construyendo un vínculo que fue mucho más allá del aula.

Los alumnos que pasaron por sus manos fueron creciendo. Algunos siguieron distintos caminos, formaron sus familias, tuvieron hijos y también se convirtieron en docentes. Pero muchos conservaron aquella primera imagen de la mujer que los recibió cuando todavía tenían miedo de entrar a la escuela.

Ya jubilada, Tía Pina seguía recibiendo en su casa a antiguos alumnos que se acercaban simplemente para saludarla.

Esa es quizás una de las mejores maneras de medir la huella que deja un maestro.

No por los años que figura en un registro, ni solamente por la cantidad de alumnos que tuvo, sino por la cantidad de personas que, décadas después, todavía sienten ganas de volver a verlo.

Tía Pina también tenía una mirada muy clara sobre la educación. Para ella, enseñar no era una tarea que pudiera quedar solamente en manos de la escuela.

Sostenía que docentes y padres debían trabajar juntos, recuperar el respeto por el maestro y entender que la educación también consiste en formar personas.

Su historia pertenece a una época de San Javier en la que la escuela ocupaba un lugar central dentro de la vida del pueblo.

Y quizás por eso su recuerdo permanece.

Raquel Classen llegó siendo una joven de 18 años desde Entre Ríos. Podría haber regresado, pero eligió quedarse.

San Javier terminó siendo su casa.

Y para miles de niños que alguna vez llegaron a primer grado con miedo, ella fue simplemente Tía Pina.

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