

Un poco de historia. El Miñocón vuelve a mirar desde las aguas del Uruguay
Jorge VillalbaPor ahora, se trata de una denuncia y no existe una prueba pública que permita confirmar que ese submarino realmente haya sido construido o utilizado.
Pero la historia tiene algo que inevitablemente despierta otra memoria mucho más antigua.
La del Miñocón.
Mucho antes de que alguien hablara de submarinos, drones o sofisticados medios para desplazarse por debajo del agua, los pobladores de las costas del Uruguay ya contaban historias sobre una criatura enorme que habitaba el río.
En San Javier y otras localidades ribereñas se hablaba del Miñocón como una gigantesca serpiente o lombriz de agua. Algunos relatos aseguraban que podía desplazarse por las profundidades, provocar grandes movimientos en el río y aparecer especialmente durante la noche.
La leyenda forma parte de la tradición oral de la región y fue transmitida durante generaciones. En nuestra propia historia reciente sobre el Miñocón contamos cómo aquellos relatos sobrevivieron entre pescadores y pobladores de la costa del Uruguay.
“Yo vi algo en el río”
Pero esta vez hay un testimonio actual.
Dani C., pescador desde hace muchos años, asegura que una noche, mientras se encontraba sobre las aguas del río Uruguay, percibió algo que no pudo identificar.
La oscuridad no le permitió verlo con claridad.
Primero escuchó un ruido extraño en el agua. Después observó cómo una estela atravesaba rápidamente la superficie del río.
No pudo saber qué la había provocado.
Y tampoco afirma haber visto al Miñocón.
Simplemente cuenta lo que recuerda: el ruido, el movimiento del agua y aquella estela que apareció y desapareció rápidamente en la oscuridad.
Para alguien que conoce el río después de tantos años de pesca, la experiencia quedó grabada.
Entre la leyenda y la realidad
Naturalmente, existen muchas explicaciones posibles.
Un pez de gran tamaño, un animal, un tronco desplazado por la corriente, una embarcación o incluso algún fenómeno producido por el propio movimiento del agua pueden generar una escena difícil de interpretar durante la noche.
Y eso es justamente lo interesante.
No sabemos qué vio Dani.
Pero tampoco hace falta resolver el misterio para que el relato tenga valor.
Porque el Miñocón nunca necesitó una fotografía para sobrevivir.
Fue pasando de boca en boca entre quienes conocían el río, especialmente entre quienes aprendieron a leer sus aguas durante largas noches de pesca.
Quizás aquella estela que Dani observó tuvo una explicación perfectamente natural.
O quizás, por unos segundos, el viejo Miñocón volvió a recorrer las profundidades del Uruguay.
Eso, por ahora, queda entre el río y quien aquella noche estaba allí para verlo.


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