
Misiones mira hacia 2027 y San Javier vuelve a poner sobre la mesa su matriz productiva
Jorge Villalba
El debate presupuestario ya está instalado en la Legislatura. El proyecto enviado por el gobernador Hugo Passalacqua contempla recursos por más de 5,2 billones de pesos y destina cerca del 63% a educación, salud y políticas sociales. Al mismo tiempo, el Gobierno provincial plantea que las transferencias y programas nacionales se redujeron de manera sostenida y que parte de las obras y servicios deberán sostenerse con recursos propios.
En ese escenario, la discusión sobre producción vuelve a tener un peso particular. Porque una provincia no se sostiene solamente con presupuesto, sino también con trabajo, productores, industrias y cadenas de valor capaces de generar actividad económica en cada región.
Y ahí aparece San Javier.
Durante décadas, el Ingenio Azucarero fue mucho más que una fábrica. La actividad cañera involucró a productores, trabajadores, transportistas, comercios y familias de toda la zona del Alto Uruguay. La documentación oficial de Nación identifica a la zona sudeste de Misiones como la principal cuenca cañera de la provincia y reconoce la importancia que tuvo el Ingenio San Javier para industrializar la materia prima.
Pero esa historia se interrumpió. El ingenio dejó de producir en 2022 y, después de distintos intentos por encontrar una alternativa de inversión y reactivación, en 2025 se informó el cierre definitivo de la planta como unidad productiva.
El problema, entonces, ya no es solamente qué hacer con un edificio industrial.
La pregunta es qué hacer con una cuenca productiva.

Enio Lemes conoce esa discusión desde el territorio. Fue intendente de San Javier en tres períodos y actualmente es diputado provincial. Esa experiencia explica, en parte, por qué la cuestión azucarera vuelve a aparecer entre los temas que plantea desde la Legislatura.
En 2024, cuando existía interés de inversores brasileños por el Ingenio San Javier, Lemes participó de las gestiones y planteó públicamente que la recuperación de la planta podía significar también la recuperación de la producción de caña y la diversificación de actividades vinculadas a esa cadena. En aquella oportunidad definió al ingenio como la “industria madre” de la región y señaló que su reactivación podía impactar sobre la economía de los pueblos vecinos.
Hoy el escenario es diferente y bastante más difícil. Ya no se trata simplemente de volver a encender una fábrica que estuvo detenida algunos años. Hay que reconstruir una cadena productiva, recuperar superficie cultivada, generar previsibilidad para los productores, incorporar inversión y tecnología y encontrar un modelo industrial que pueda sostenerse económicamente.
Ese es, quizás, el punto más interesante de la discusión.
Porque pretender volver al pasado no alcanza. Pero tampoco parece suficiente aceptar que una actividad que durante décadas formó parte de la identidad productiva de San Javier desaparezca sin discutir qué alternativas existen.
La cuenca cañera necesita una respuesta integral. Si no hay productores y materia prima, una planta industrial no tiene sentido. Y si no existe una industria o un destino rentable para la caña, tampoco habrá demasiados incentivos para que los productores vuelvan a apostar por ella.
Es una discusión de cadena, no solamente de fábrica.
Y allí aparece también una cuestión política: qué lugar ocupan las economías regionales dentro de la agenda que Misiones comienza a construir hacia 2027.
El propio proyecto de Presupuesto provincial contempla para el Ministerio del Agro y la Producción más de 161 mil millones de pesos para 2027, con ejes vinculados al acompañamiento territorial, la diversificación, el agregado de valor, el acceso al agua y la innovación.
En ese marco, el planteo sobre San Javier no debería quedar encerrado en una discusión local.
La pregunta es si Misiones puede recuperar y modernizar actividades productivas que alguna vez fueron centrales para determinadas regiones, adaptándolas a las condiciones económicas y tecnológicas actuales.
Enio Lemes vuelve a poner sobre la mesa esa mirada desde el territorio. No solamente desde su banca, sino desde la experiencia de haber administrado durante años el municipio donde esa industria marcó buena parte de la vida económica y social.
San Javier tiene una historia productiva que no se puede borrar.
El desafío hacia adelante será transformar esa historia en una posibilidad concreta de futuro, sin repetir los problemas que llevaron al deterioro de la actividad y sin convertir la nostalgia en política pública.
Porque recuperar la cuenca cañera no significa solamente recuperar un ingenio.
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Significa volver a discutir si San Javier quiere seguir siendo una ciudad vinculada a la producción, al trabajo y al agregado de valor.
Y esa discusión, en una Misiones que ya empieza a mirar hacia 2027, recién está comenzando.


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