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Tomás, el apóstol que necesitó ver para creer

Cuando Jesús resucitó, se apareció a sus discípulos. Todos lo vieron... menos Tomás. Él no estaba allí.
La Biblia en Palabras Simples03/08/2026 20:00Jorge VillalbaJorge Villalba
Apóstol Tomás
Apóstol Tomás

Cuando los demás le contaron lo sucedido, respondió con sinceridad:

"Si no veo en sus manos la marca de los clavos y no pongo mi mano en su costado, no creeré." (Juan 20:25).

Ocho días después, Jesús volvió a aparecer. Esta vez Tomás estaba presente. Jesús no lo reprendió ni lo humilló por haber dudado. Al contrario, se acercó a él y le dijo que tocara sus heridas.

Entonces Tomás pronunció una de las declaraciones de fe más profundas de toda la Biblia:

"¡Señor mío y Dios mío!" (Juan 20:28).
Jesús le respondió:

"Porque me has visto has creído; bienaventurados los que no vieron y creyeron."

Muchas veces recordamos a Tomás como "el incrédulo", pero olvidamos que tuvo el valor de expresar sus dudas. Jesús no lo rechazó por preguntar; le dio la respuesta que necesitaba para fortalecer su fe.

La enseñanza de hoy es simple: tener dudas no nos aleja de Dios. Lo importante es seguir buscándolo con un corazón sincero. La fe no consiste en nunca dudar, sino en no dejar de buscar la verdad.

Después de aquel encuentro, Tomás dejó de ser el discípulo de las dudas para convertirse en un valiente predicador del Evangelio. La tradición cristiana sostiene que llevó el mensaje de Jesús hasta la India, donde murió como mártir, demostrando con su vida la fe que un día había buscado con tanto anhelo.

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