

Un Poco de Historia: la noche en que la Pirizal se convirtió en una bola de fuego sobre el Paraná
Jorge Villalba
La gente cruzaba para visitar familiares, comer, hacer compras, encontrarse con amigos o pasar una noche en Encarnación. También muchos posadeños viajaban hasta el casino de la ciudad paraguaya, que por aquellos años era uno de los grandes atractivos de la noche.
Pero en la madrugada del 8 de enero de 1973, ese viaje de regreso terminó convirtiéndose en una de las tragedias más recordadas de la historia de Posadas y Encarnación.
La lancha se llamaba Pirizal.
Era una embarcación de bandera paraguaya que realizaba el servicio entre Encarnación y Posadas. Aquella noche había partido del puerto de Encarnación alrededor de las 2:30, llevando a decenas de pasajeros de regreso hacia la capital misionera.
Había familias, conocidos, personas que volvían después de una noche en Encarnación y pasajeros que habían concurrido al casino. Era un viaje habitual. Uno más de los tantos que se hacían durante aquellas noches de frontera.
Pero pocos minutos después de partir, cuando la embarcación se encontraba en el Paraná y se aproximaba al canal de navegación frente a Posadas, algo ocurrió.
Se produjo una explosión.
Y después llegó el fuego.
La Pirizal comenzó a arder en medio del río.
Desde la costa posadeña, quienes se encontraban cerca del puerto observaron una imagen que décadas después todavía permanecía en la memoria de algunos testigos: una enorme bola de fuego iluminando la oscuridad del Paraná.
Adentro de la lancha comenzó la desesperación.
Algunos pasajeros intentaron salir por las ventanillas. Otros se arrojaron al agua. Algunos buscaron aferrarse a lo que encontraban mientras la embarcación quedaba envuelta por las llamas.
El río tampoco ayudaba.
La madrugada tenía viento, tormenta eléctrica y un Paraná con corriente y oleaje, condiciones que complicaron las tareas de rescate.
Desde Posadas salieron embarcaciones para buscar sobrevivientes. Prefectura, Gendarmería y navegantes particulares participaron del operativo. También hubo personas que se lanzaron al agua para intentar salvar a quienes habían quedado atrapados.
La Pirizal terminó hundiéndose.
Durante las horas siguientes comenzó otra historia: la búsqueda de sobrevivientes y de quienes no habían podido escapar.
Según las reconstrucciones históricas, 23 personas lograron sobrevivir y alrededor de 39 murieron, aunque las cifras sobre pasajeros y víctimas varían según los registros de la época. Algunos cuerpos fueron encontrados en las aguas del Paraná y otros aparecieron aguas abajo durante los días posteriores.
En Posadas, mientras tanto, las familias se acercaban a Prefectura buscando noticias.
Algunos esperaban encontrar a sus seres queridos con vida. Otros recibían la noticia que nadie quería escuchar.
La tragedia atravesó las dos orillas.
Porque el Paraná, en aquellos años, no era solamente una frontera entre Argentina y Paraguay. Era también el camino que unía a Posadas y Encarnación.
La Pirizal dejó una herida profunda en ambas ciudades.
Y quizás por eso, cuando hoy hablamos de la historia del río Paraná, no alcanza con recordar los puertos, las lanchas y el movimiento comercial.
También hay que recordar a quienes cruzaron ese río todas las noches durante años.
Y a quienes aquella madrugada de enero de 1973 emprendieron un viaje que debía terminar en Posadas, pero quedó para siempre en la memoria de dos ciudades.
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La Pirizal se hundió hace más de medio siglo.
Pero aquella bola de fuego sobre el Paraná todavía forma parte de la memoria de Posadas y Encarnación.


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