

Un poco de historia: el choripán, ese sabor argentino que siempre aparece donde hay gente
Jorge Villalba
El choripán pertenece a esa segunda categoría y del que hoy recordaremos
Pan, chorizo y, según el gusto de cada uno, chimichurri, salsa criolla o simplemente nada más. Una preparación sencilla que con el paso de las décadas terminó convirtiéndose en mucho más que una comida rápida.
Porque en Argentina el choripán aparece donde hay encuentros.
Está en la previa de un partido de fútbol, cuando la gente llega temprano a la cancha y el humo de las parrillas se mezcla con el ruido de las hinchadas. Está en los recitales, en las fiestas populares, en las ferias y en las rutas.
También está en la política.
Durante décadas, los puestos de choripanes se convirtieron en parte del paisaje de actos y movilizaciones. Tanto que la comida terminó formando parte del imaginario político argentino. Pero quizá lo más interesante es que el choripán nunca perteneció a un partido: pertenece a la calle.
Su historia tampoco tiene un único punto de partida indiscutido. Hay antecedentes del matrimonio entre el pan y el chorizo en los asados criollos y distintas versiones sobre cuándo comenzó a llamarse y venderse como choripán. Una de las historias más conocidas ubica en Córdoba, durante la década de 1950, la consolidación del nombre y de los primeros carritos que ofrecían esta combinación en el Parque Sarmiento.
Pero quizás la verdadera historia del choripán no esté en quién lo inventó.
Está en todo lo que ocurrió alrededor de él.
Un padre que lleva a su hijo por primera vez a la cancha.
Los amigos que se juntan después de jugar un partido.
La familia que llega a una fiesta patronal.
El grupo que espera el comienzo de un recital.
El vecino que prende la parrilla y, mientras conversa, pone los chorizos sobre el fuego.
Y también esa escena tan argentina de estar parado al costado de una ruta, en una feria o en una celebración, con un choripán en una mano y una gaseosa en la otra.
El choripán se volvió una especie de comida democrática.
No necesita una mesa elegante, cubiertos ni demasiadas explicaciones. Se come de pie, sentado, caminando o conversando. Y muchas veces sabe mejor cuando se comparte.
Con los años llegó incluso mucho más lejos de nuestras fronteras. Hoy puede encontrarse en distintos lugares del mundo y hasta en escenarios vinculados al fútbol internacional.
Quizás por eso el choripán sea mucho más que pan y chorizo.
Es fútbol, es fiesta, es política, es ruta, es barrio, es amistad.
Es ese olor que llega desde una parrilla y nos hace mirar hacia donde está saliendo el humo.
Y tal vez esa sea su verdadera historia: una comida humilde que terminó convirtiéndose en una pequeña parte de la identidad argentina.


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